LÍMITES

“LA LIBERTAD DE UNA PERSONA TERMINA DÓNDE EMPIEZA LA DE LOS DEMÁS”

Esta premisa debería de ser obvia para los adultos, y somos los adultos los encargados de hacérselo saber a los más pequeños. Solo tenemos que contarles que vivimos compartiendo el mundo con otras personas, cosas, animales, entorno… , y que nuestros actos repercuten en todo lo demás, por este motivo, lo conveniente es que nuestras acciones no le hagan daño a terceras personas ni a nosotros mismos, y tampoco al entorno.

Los límites deben de tener un sentido y le debemos explicar al niño que están ahí por seguridad o por respeto, y no, por nuestra comodidad.

Son iguales para todos, incluidos los adultos, que debemos de educar desde el ejemplo.

Es importante enunciarlos en positivo, no son prohibiciones que siguen el modelo patriarcal autoritario.

Los fijaremos desde un estado tranquilo, en calma; nunca desde el enfado, la ira o la impotencia.

Los límites deben de ser concisos, concretos.” Portarse bien” abarca muchas cosas, muchos deseos del adulto que el niño desconoce. Un límite es: “Hablar en un tono tranquilo”, “cuidar las cosas” etc.

Los límites deben ser necesarios para el respeto de la libertad de todos. Por ejemplo:  “no te manches mientras pintas”  es un límite no necesario, solo lo necesita el adulto, limitando la libertad del niño.

Deben de ser consistentes, y nosotros somos los encargados de mantenerlos en el tiempo.

Los niños deben tener límites desde muy pequeñitos, educarse en el respeto y no en el reto, ni en la competencia.

Para que haya libertad tiene que haber límites, somos muchas libertades individuales juntas, compartiendo este espacio. Solo hay que poner unas reglas sencillas y concisas para que el niño pueda aprender a desarrollarse con respeto a los demás, a sí mismo y a todo lo que le rodea.

Recuerden que no se trata de imposiciones a nuestro antojo, un límite no es un capricho, debería ser la base sobre la que construir su autoestima.