Aprender a poner límites

Casi sin darnos cuenta, nuestro hijo ha crecido y ha dejado de ser un bebé. Ya tiene casi dos años y ha descubierto, que si se lo propone, mediante una buena rabieta, sin problemas, en más de una ocasión, logrará salirse con la suya.

Es muy importante, que desde una edad temprana, aprenda a recibir un NO por  respuesta. Acaba de descubrir el mundo, se ha vuelto más autónomo, más independiente, y quiere probar, experimentar, empaparse de experiencias…, que no siempre le convienen, y es aquí, en donde el papel del adulto es fundamental.

Tenemos que  pensar, que es responsabilidad de los padres, dar a nuestros hijos las herramientas necesarias, para aprender a convivir en armonía en nuestra sociedad, y esto conlleva, enseñarle a respetar las normas,  superar la frustración cuando no consigue algo, y a entender, que él, no es el centro del universo, ayudándole a superar su egocentrismo.

Los niños, necesitan límites, normas, siempre, desde el respeto y el cariño, con paciencia y comprensión, y sobre todo con mucha constancia. Un estilo educativo, demasiado permisivo, con miedo al NO, provocará inseguridad en el niño, dificultades para relacionarse, baja autoestima, sentimiento de abandono… Es por ello, que jamás debemos ceder ante una rabieta, de hacerlo, entenderá, que esa es la manera de conseguir las cosas, y para nada, los estaremos ayudando.

Con respecto a las normas, es fundamental que estas sean claras y concisas, y que el niño entienda, que el no cumplirlas, siempre, conlleva una consecuencia.

Para que este aprendizaje, sea realmente efectivo, es fundamental, la motivación, un halago, un beso, un abrazo…, siempre que lo consiga, con el fin de reforzar dicha conducta.

Nadie dijo, que ser padre, fuera fácil, pero ahora que lo somos, nuestra máxima responsabilidad, deberá ser, la de procurar, seres felices, respetuosos, capaces de superar con esfuerzo, y no con frustración, los pequeños baches, que se nos presenta en la vida.